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T E O R I A S  A D M I N I S T R A T I V A S

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MEJORAMIENTO IND.

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MEJORAMIENTO INDUSTRIAL

Los historiadores concuerdan en que, con pocas excepciones, los patrones estadounidenses prestaron poca atención a las condiciones de trabajo y bienestar de los empleados con anterioridad a la Guerra Civil. Durante la primera mitad del siglo XIX un puñado de visionarios como Robert Owen y James Montgomery elaboraron escritos en los que adoptaron el ethos que llegaría a conocerse como “mejoramiento industrial” y, posteriormente, como “capitalismo de bienestar”. Sin embargo, los industriales ignoraron totalmente el mensaje de Owens y Montgomery hasta la década de 1870, cuando una generación de reformadores popularizo su trabajo como parte de un movimiento destinado a modificar las condiciones industriales. El movimiento consistió en una débil coalición entre clero, periodistas, novelistas académicos y capitalistas. Entre los primeros voceros se destacaron Washington Gladen, un ministro congregacionista que unía la visión religiosa de la moralidad con una “nueva etapa en la evolución industrial” y caracterizada por “asociaciones industriales” que mejorarían “las cualidades mentales y morales de la población trabajadora”.

Los experimentos relativos al mejoramiento industrial comenzaron en la industria del ferrocarril. Durante la década de 1870 Cornelius Vanderbilt y otros magnates de la industria comenzaron a fundar las Asociaciones de Jóvenes Cristianos (Young Men`s Christian Association, YMCA) a lo largo de las líneas de enlace para satisfacer las necesidades físicas y espirituales de los ferroviarios. Los ferrocarriles esperaban que las YMCA frenaran la embriaguez y fomentaran una fuerza de trabajo más confiable. Hacia 1879 se habían fundado treinta y nueve YMCA que empleaban veinte secretarios de bienestar de tiempo completo. Durante las décadas de 1880 y 1890, el mejoramiento industrial se esparció hasta más allá de los ferrocarriles, alcanzando diversas industrias. Las actividades populares incluían la construcción de bibliotecas y sitios de recreación, ofreciendo clases para los empleados y sus familias, estableciendo clubes sociales, estableciendo planes para compartir ganancias y obtener beneficios, y mejorar la estética y las condiciones de higiene de la fabrica.

El mejoramiento industrial  reflejaba el contexto en que evoluciono. Los finales del siglo XIX fueron una época de notable cambio social. El periodo presenció una revolución en la tecnología que permitió la fabricación en masa y, finalmente, el crecimiento y la consolidación corporativa (Hounsell, 1984). A medida que crecían las empresas, los propietarios encontraron que la administración cara a cara era cada vez más difícil. Las relaciones laborales se volvieron cada vez más en confrontación: no solo eran relativamente comunes las huelgas y los cierres en las fabricas, sino que emergieron los sindicatos obreros radicales, influenciados por las nociones de socialismo de los inmigrantes europeos. Como resultado muchos norteamericanos destacados comenzaron a temer una revuelta social.

La retórica del mejoramiento industrial giraba sobre diversos temas que se tejían libremente como una visión que George Pullman anunciaba como “una nueva era... en la historia del trabajo” (Bunder 1967). En esencia era una noción decididamente protestante acerca del deber. Puesto que los industriales habían logrado riqueza y posición gracias al trabajo de otros, estaban moralmente limitados para cargar con la responsabilidad no solo de la economía sino del bienestar individual y colectivo de sus empleados. Esta terminología de tono protestante estaba aparejada con un segundo tema que señalaba la meta del movimiento “cambiar al empleado”.

La propagación del mejoramiento industrial trajo consigo una critica creciente. La violenta huelga en la Pullman Palace Car Company en 1894 fortaleció la mano de quienes cuestionaban la utilidad de los programas de mejoramiento. Quienes dudaban observaban que Pullman había hecho más por sus empleados que casi ningún otro, aunque parecía que hasta sus esfuerzos eran insuficientes para prevenir la marea creciente de la militancia obrera. La depresión de 1896 lanzó luego la duda sobre la promesa de una utopía económica, ya que las empresas orientadas hacia la reforma no parecían resistir mejor la depresión que las empresas menos iluminadas.

Hacia la década de 1890, periodistas, académicos y sindicalistas habían comenzado a atacar el mejoramiento industrial en el terreno moral, sin embargo, ningún desafío al mejoramiento industrial fue más importante que el emprendido por el creciente grupo de ingenieros mecánicos e industriales.